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Movimiento Socialista Mundial

*La lucha ambiental debe ser contra el capitalismo*
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La crisis ambiental dominicana ha sido narrada como si las empresas mineras fueran el enemigo central. Esa lectura, aunque comprensible, es insuficiente y peligrosa: reduce el problema a un sector y oculta la raíz estructural. El verdadero enemigo es el sistema capitalista, cuya lógica de acumulación infinita convierte la naturaleza en mercancía y la vida en ganancia.Mientras exista capitalismo, existirán minería, cementeras, turismo depredador, agroindustria destructora y proyectos urbanos que arrasan humedales.
El capitalismo transforma ríos, bosques, montañas y aire en objetos de explotación. La minería es solo una de sus máscaras; detrás de ella se encuentran la agroindustria que expulsa campesinos, el turismo que privatiza playas y el urbanismo que destruye territorios. El problema no es la mina en sí, sino el modo de producción que la hace inevitable.En República Dominicana, la lucha ambiental ha emergido como un movimiento amplio, pero coyuntural, sectorial y reformista. Las comunidades campesinas y populares defienden agua, tierra y aire porque saben que son condiciones de existencia, no simples recursos. Frente a ellas, el capital nacional y transnacional avanza disfrazado de “desarrollo” y “progreso”. La contradicción es clara: vida contra ganancia. Pero esa lucha tiene una debilidad: no se reconoce como lucha de clases.
Las luchas emblemáticas lo demuestran:Contra la cementera en Los Haitises, donde se defendió uno de los pulmones ecológicos más importantes del Caribe.
Contra Barrick Gold en Cotuí, símbolo del saqueo transnacional que extrae oro y deja pobreza.
Por Loma Miranda, convertida en bandera nacional de resistencia contra la depredación minera.
Recientemente en San Juan, donde comunidades se levantan contra proyectos que amenazan el agua y la agricultura.

Cada una de estas luchas revela la contradicción entre la vida y el capital, pero también la necesidad de elevarlas a conciencia de clase. La lucha ambiental debe convertirse en lucha anticapitalista. No basta con resistir minas o proyectos turísticos; es necesario desenmascarar el sistema que los produce. Sin conciencia de clase, la defensa ambiental queda atrapada en reformas parciales, incapaces de transformar la raíz del problema. Solo cuando la lucha ambiental se asuma como parte de la lucha de clases, podrá generar conciencia emancipadora y abrir camino hacia un modelo donde la producción esté orientada a la vida y no a la acumulación.

Juan Manuel

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