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La crisis ambiental dominicana ha sido narrada como si las empresas mineras fueran el enemigo central. Esa lectura, aunque comprensible, es insuficiente y peligrosa: reduce el problema a un sector y oculta la raíz estructural. El verdadero enemigo es el sistema capitalista, cuya lógica de acumulación infinita convierte la naturaleza en mercancía y la vida en ganancia.Mientras exista capitalismo, existirán minería, cementeras, turismo depredador, agroindustria destructora y proyectos urbanos que arrasan humedales.
Contra Barrick Gold en Cotuí, símbolo del saqueo transnacional que extrae oro y deja pobreza.
Por Loma Miranda, convertida en bandera nacional de resistencia contra la depredación minera.
Recientemente en San Juan, donde comunidades se levantan contra proyectos que amenazan el agua y la agricultura.
Cada una de estas luchas revela la contradicción entre la vida y el capital, pero también la necesidad de elevarlas a conciencia de clase. La lucha ambiental debe convertirse en lucha anticapitalista. No basta con resistir minas o proyectos turísticos; es necesario desenmascarar el sistema que los produce. Sin conciencia de clase, la defensa ambiental queda atrapada en reformas parciales, incapaces de transformar la raíz del problema. Solo cuando la lucha ambiental se asuma como parte de la lucha de clases, podrá generar conciencia emancipadora y abrir camino hacia un modelo donde la producción esté orientada a la vida y no a la acumulación.

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