
Nacionalismo y clase obrera
El nacionalismo, lejos de ser una fuerza emancipadora, ha funcionado históricamente como un instrumento del capital para dividir a los trabajadores. En el caso dominicano, la construcción de una identidad nacional enfrentada al haitiano ha servido para ocultar la verdadera contradicción: la que existe entre capital y trabajo.
Karl Marx lo expresó con claridad en el Manifiesto Comunista (1848): “Los obreros no tienen patria. No se les puede arrebatar lo que no poseen. Como el proletariado debe conquistar, en primer lugar, el poder político, elevarse a clase nacional, constituirse en nación, todavía es nacional, aunque de ninguna manera en el sentido burgués.” Esta cita revela que la patria, en el sentido burgués, es un artificio que divide, mientras que la verdadera unidad de los obreros trasciende las fronteras.
En República Dominicana, los discursos nacionalistas han sido utilizados históricamente para justificar políticas de exclusión hacia los trabajadores haitianos. Sin embargo, ambos grupos comparten condiciones similares de explotación bajo el capitalismo. La división nacionalista, entonces, no responde a intereses obreros, sino a la necesidad del capital de impedir la unidad de los trabajadores.
El discurso contra los haitianos ha estado marcado por lo que algunos llaman un “patrioterismo de hoja de lata”, es decir, un nacionalismo superficial, frágil y utilitario, que se activa como mecanismo de exclusión y enfrentamiento, pero carece de verdadera sustancia emancipadora.
El “patrioterismo de hoja de lata” contra los haitianos cumple una función clara: distraer a los trabajadores de la lucha contra el capital, desviando la atención hacia un enemigo externo ficticio. Se trata de una estrategia que reproduce la lógica de “divide y vencerás”, donde la burguesía asegura su dominio fomentando rivalidades nacionales.
Desde una perspectiva marxista, este fenómeno debe entenderse como parte de la superestructura ideológica que sostiene las relaciones de producción. El nacionalismo superficial no fortalece la soberanía popular, sino que perpetúa la subordinación de los trabajadores a los intereses del capital. La consigna de Marx y Engels, “¡Proletarios de todos los países, uníos!”, se convierte en un llamado urgente para superar las barreras artificiales que impiden la unidad obrera haitiana y dominicana.
Desde una perspectiva marxista, el nacionalismo puede considerarse una “superestructura ideológica” que reproduce las condiciones materiales de dominación. Al enfrentar a obreros dominicanos y haitianos, se neutraliza la posibilidad de una lucha conjunta contra el capital. La consigna de Marx y Engels, “¡Proletarios de todos los países, uníos!”, adquiere aquí una vigencia particular: la emancipación no puede lograrse desde la fragmentación nacional, sino desde la unidad de clase.
Aplicado al caso haitiano y dominicano, el nacionalismo ha sido utilizado tanto por la derecha como por sectores de la izquierda capitalista para impedir la unión de los trabajadores. Se les enfrenta con discursos de identidad, cuando en realidad comparten la misma explotación bajo el capitalismo. La consigna de Marx y Engels, “¡Proletarios de todos los países, uníos!”, cobra aquí una vigencia absoluta: la lucha no es entre pueblos vecinos, sino contra el sistema que los oprime a ambos.
El nacionalismo dominicano contra los haitianos es una máscara ideológica que sirve al capital. La tarea de la clase obrera es superar esas barreras artificiales y construir una solidaridad transnacional que confronte directamente al sistema capitalista. Solo en la unidad de los trabajadores haitianos y dominicanos puede encontrarse la posibilidad real de emancipación.
La tarea de la clase obrera es superar esas barreras artificiales y construir una solidaridad transnacional que confronte directamente al sistema capitalista. Solo en la unidad de los trabajadores haitianos y dominicanos puede encontrarse la posibilidad real de emanc
Escritor anónimo

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