Protestas … ¿Hasta cuándo?
Protestas, manifestaciones y, siempre, protestas y manifestaciones … Es cierto que no faltan razones para el descontento o la ira… pero tampoco los eché de menos en las generaciones que nos precedieron. Ahora bien, ¿en cuántas manifestaciones, huelgas más o menos generales, ocupaciones de fábricas, institutos y universidades, peticiones, etc., hemos participado ya nosotros y nuestros antepasados sin que la situación de los trabajadores y sus hijos haya cambiado fundamentalmente?
Ante los problemas creados por el capitalismo, los llamados partidos socialistas o socialdemócratas, creados hace más de cien años, intentaron «humanizar» este sistema mediante reformas para «hacer algo ahora» en favor de sus víctimas – los trabajadores – que, es cierto, lo necesitaban, y esto, «mientras esperaba» establecer el socialismo, considerado un objetivo a largo plazo.
El problema es que, más de un siglo después, los partidos que ya no tienen «socialistas» ni «socialdemócratas» y son socialistas de nombre —y el socialismo ha desaparecido de su horizonte— siguen intentando «hacer algo ahora» bajo el pretexto del «realismo».
Ahora, no solo siguen existiendo los problemas de hace cien años; No solo no los partidos «socialistas» «humanizaron» el capitalismo, sino que fue el capitalismo el que «deshumanizó» a los partidos «socialistas»; No solo el socialismo ha desaparecido de su horizonte; Pero, además, las «conquistas» de estos partidos son constantemente cuestionadas por el primer gobierno «liberal» que llega… cuando no es por los mismos partidos «socialistas». ¿Qué mejor prueba de la inutilidad de las reformas que la permanencia de problemas que ya existían hace cien años y más?
No dudemos de que si el reformismo sigue siendo la opción dominante… Sin mencionar que el único, entre los empleados, que representan, no olvidemos, la inmensa mayoría de la población (cortejados por esta misma razón por sus peores enemigos en cada fecha límite electoral), que aún será necesario, dentro de un siglo y más, «hacer algo ahora» a su favor para remediar los problemas de los que seguirán siendo víctimas, y que aún no se han resuelto por la sencilla razón de que son intrínsecas al sistema actual.
De hecho, ya sea llamado «economía de mercado», «liberalismo económico», «libre empresa» o cualquier otro eufemismo, el capitalismo sigue siendo capitalismo, es decir, un sistema social basado en el monopolio de los medios de producción y distribución de la riqueza social – los medios de existencia de la sociedad – por una pequeña minoría parasitaria – los propietarios del capital, o la clase capitalista – para cuyo beneficio inevitablemente la gestionaban… ¡Por empleados!
Además, ¿cómo podemos concebir un capitalismo que funcione de otra forma que no sea en interés de los capitalistas? ¿Cómo no iba a este monopolio conducir al despotismo económico de la clase capitalista y, en consecuencia, a la esclavitud asalariada? Sin embargo, todos los partidos políticos actuales, ya sean de izquierda o de derecha, de extrema izquierda o de extrema derecha, proponen reformas del capitalismo que no afecten a la propiedad privada capitalista, trabajando, voluntariamente o no, para perpetuar la causa de los problemas sociales.
Por eso, no hay reforma, por muy ventajosa que sea para empleados, desempleados, estudiantes de secundaria, estudiantes y sus familias; ninguna manifestación, aunque con buena asistencia; ninguna instrucción de votación, por masiva que sea, a favor o en contra de cualquier partido capitalista (aunque lleve una máscara «socialista»), resolverá los problemas que enfrentamos.
De hecho, ninguna medida, ninguna reforma, ningún parche ha sido capaz (y nunca será) de subordinar la propiedad privada capitalista al interés general y, por tanto, cambiar nada en la posición de sumisión de la mayoría asalariada a los intereses egoístas de la minoría propietaria.
Si este sistema pudiera haberse «humanizado»; si el desempleo pudiera haberse eliminado reduciendo las horas de trabajo; si las personas sin hogar podrían haber sido alojadas en las viviendas vacías; si los 12 millones de niños que mueren de hambre cada año en el mundo hubieran podido ser alimentados con las toneladas de comida que se destruyen cada año; Si la violencia y las guerras se hubieran detenido para salvar a víctimas que, en su mayoría, aspiran solo a vivir en paz, no han faltado ni los motivos, ni los intentos, ni los medios, ni el dinero.
Para poner fin a los problemas que nos abruman, no se trata de un aumento del salario mínimo, una reducción de la jornada laboral, una reforma de las escuelas o de la seguridad social, ni ninguna otra medida utópica e ineficace, como la «prohibición de despidos en empresas que generan beneficios», o la prohibición de «cualquier despido colectivo en grandes empresas bajo pena de requisa, es decir, expropiación sin redención ni compensación». Mucho antes de que se eligiera un candidato con esta demanda, los accionistas de las empresas objetivo las habrían trasladado, dejando así a cientos de miles de empleados sin trabajo.
Informados de los errores pasados y preocupados por no reproducirlos, los socialistas proponen por ello, como única solución realista e inmediata, el establecimiento de la propiedad social (de ahí el nombre socialismo) de los medios de existencia de la sociedad, para asegurar su gestión por (y, por tanto, en interés de) toda la comunidad.
Partido Socialista/ MSM
Publicaciones Políticas Históricas y Económicas

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