FALSIFICACIÓN: EL MITO DE LA RUSIA “SOCIALISTA”
Unión Soviética, China, Cuba… ¿ Países socialistas?
Hay ideas preconcebidas que se perpetúan sin que se las ponga en tela de juicio. Tal es el caso de los países llamados “socialistas” o “comunistas”, o también “del socialismo real” o del “socialismo realmente existente”.
Si la toma del poder, en octubre de 1917, por un gobierno despótico en Rusia, provocó desde un principio la oposición de numerosos socialistas (Carlos Kautsky y Rosa Luxemburg en Alemania, Max Adler y Bruno Bauer en Austria, Bruno Rizzi en Italia, Jorge Plejánov, Julius Mártov y Pavel Axelrod en Rusia misma, entre muchos otros), es un hecho innegable de que Rusia ha sido, desde entonces, identificada con el socialismo, contribuyendo así en gran medida al rechazo de éste por la mayoría de los trabajadores del planeta… para satisfacción – y alivio – de los capitalistas, ansiosos de poder ayudar a los “comunistas” a perpetuar esa confusión. La hostilidad de los asalariados al socialismo, bienvenida por los capitalistas, ha tenido por efecto prolongar la existencia del capitalismo, un sistema que, sin embargo, les hace a muchos de ellos la vida imposible cuando no los condena al desempleo o a la pobreza.
Bien es verdad que en los países occidentales, la clase capitalista, cuya posición y privilegios no están en peligro, tiene la inteligencia de permitir la existencia de organizaciones anticapitalistas (que no representan de momento un peligro para sus intereses ni para el sistema mismo), o de no encarcelar a los oponentes, dándole así un barniz democrático a su dominación económico-social. Al contrario de la dictadura del capitalismo privado que se ejerce, en el área tanto social como económica, con el consentimiento de la mayoría, en la Rusia “socialista”, la dominación de la burocracia se ejercía en contra de la voluntad popular, haciendo inevitable el recurso a la fuerza armada y a la represión.
De hecho, lo que llamamos socialismo no tiene nada que ver con la aceptación general del término. Para los socialistas, el socialismo es un sistema en el que los medios de producción del planeta son propiedad común de todos los miembros de la sociedad que pueden así administrarlos democráticamente. Siendo la población dueña de los medios de existencia y de las riquezas producidas, no tiene por qué comprar lo que ya le pertenece y se sirve libremente en función de sus necesidades. En resumen, se trata de una organización de la sociedad basada en el principio: de cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades. Se trata pues de un mundo sin dinero ni bancos, sin Estados ni fronteras, sin clases sociales ni guerras.
Es evidente, pues, que un sistema semejante nunca ha existido. Los países considerados como “socialistas” jamás han sido sociedades sin dinero, sin clases sociales ni Estado. Pero porque, en gran parte a causa de Rusia, el socialismo es, para muchos, asociado a un régimen dictatorial que practica la violencia y el terror a gran escala, debemos examinar más detalladamente una de las más grandes mistificaciones y una de las mentiras más groseras de la historia reciente. Siendo una de las tareas de los socialistas fomentar en cada uno el deseo de vivir en ese mundo “mejor” que será el socialismo, está claro que para facilitar esa tarea, los socialistas deben apartar ciertos obstáculos, entre los cuales el mito de la Rusia “socialista” es de los más formidables.
¿Propiedad de Estado = propiedad social?
Pero entonces, si Rusia nunca fue socialista, ¿qué tipo de sociedad se desarrolló allá? Porque en ese país los medios de producción fueron nacionalizados, se trató (¡y se trata aún!) de hacernos creer que estaban en manos de la población. Es exactamente como si se nos dijera que las empresas estatales que existen o existían en los países occidentales (ferrocarriles, producción de energía, etc.) “nos” pertenecen. Esa afirmación es rápidamente desmentida por la observación más superficial de la realidad. ¿Hemos alguna vez tenido la posibilidad de decidir sobre la manera de administrar las empresas “públicas”? ¿Hemos alguna vez tenido libre acceso a la luz, al agua o a los automóviles producidos por las empresas estatales? ¿Hemos alguna vez podido viajar libremente en las redes públicas de transporte de viajeros? ¿No han tenido siempre los trabajadores del sector público que defender sus intereses al igual que los trabajadores del sector privado?
De hecho, la propiedad estatal (o pública) no es más que una forma diferente de administrar la economía capitalista. El caso es que, al igual que las empresas privadas, las empresas estatales fabrican mercancías o proveen servicios con el fin de realizar un provecho.
Por lo demás, si se compara el modelo económico ruso con el occidental, se pueden observar cuatro características similares: 1° el control, por una minoría dirigente, de los medios de producción y, por tanto, la división de la sociedad en dos clases sociales con intereses antagónicos; 2° el sistema del salariado – característica original del capitalismo –, es decir la obligación, para los trabajadores, de vender su fuerza de trabajo a un empleador (patrón privado o Estado-patrón según el caso) a cambio de un salario; 3° un Estado, instrumento de defensa de los intereses de la clase dominante y de sometimiento de los asalariados; 4° la producción de mercancías, es decir de bienes y servicios producidos para la venta en el mercado con el fin de realizar un beneficio.
Si, por otro lado, uno recuerda que el socialismo está basado en: 1° el control, por la sociedad entera, de los medios de existencia y, pues, la ausencia de una clase poseedora y de una clase explotada; 2° la igualdad social, es decir la ausencia de la relación capitalista empleador-empleado; 3° la administración democrática de los medios de producción de las riquezas; 4° la producción de bienes y servicios en función de las necesidades expresadas por la población, es fácil comprobar que el sistema que prevaleció en Rusia – y se perpetúa en China o Cuba – no era ni el socialismo ni el capitalismo privado, sino una forma particular de capitalismo que llamamos capitalismo de Estado.
Rusia “comunista”: una sociedad dividida en clases sociales
Tal como ya hemos visto, en los países occidentales, la apropiación de los medios de existencia de la sociedad por la minoría capitalista tiene como consecuencia, en el plano social, de dividir la sociedad en dos clases sociales principales de intereses opuestos: por un lado, la clase capitalista, que posee y/o controla los medios de producción y, por el otro, la clase trabajadora, que está en la obligación de trabajar para la primera a cambio de un salario.
¿Se reproduce este esquema en la Rusia “comunista”? Es evidente que sí. Al igual que en los países occidentales, existían en Rusia “comunista” (como en China) trabajadores asalariados obligados a trabajar para un empleador a fin de vivir. Y también existía en Rusia (como existe en China) una clase dirigente que detentaba el monopolio de los medios de producción, en todo caso, los más importantes desde un punto de vista económico y estratégico… con la diferencia de que ese monopolio no revestía las mismas formas que en los países capitalistas occidentales.
En efecto, en la Rusia “socialista”, la economía está casi por completo estatizada. Así, los que controlaban el aparato del Estado estaban en condiciones de apropiarse de las riquezas producidas por las empresas estatales. En el caso particular de Rusia, esta clase dirigente estaba formada por los que ocupaban los escalafones superiores del Partido comunista – el Politburó, el Secretariado, el Comité Central – y los puestos clave del Estado y de la economía – ministros, embajadores, militares de alto rango, directores de empresas –, en una palabra, la famosa Nomenclatura. Claro, no poseían (a semejanza de los capitalistas privados occidentales) títulos de propiedad individuales sobre los medios de producción (ni los necesitaban siquiera), pero controlaban estos últimos colectivamente a través del Estado.
Esta forma de apropiación colectiva de clase de los medios de producción, ciertamente diferente de la propiedad privada e individual que se desarrolló en los países occidentales, no tiene de hecho nada nuevo ni original, pues se pueden encontrar formas de control por el Estado – si bien menos desarrolladas y sin las características capitalistas de la Rusia “socialista” – sobre la economía y la sociedad en la Historia. En efecto, los reyes de Babilonia, los faraones de Egipto y los emperadores de China en modo alguno necesitaban títulos de propiedad para llevar su existencia fastuosa y parasitaria. Más cerca de nosotros, en la Edad Media, el alto clero no tenía tampoco ninguna necesidad de ser legalmente dueño de los dominios de la Iglesia católica para explotar a los siervos que en ellos trabajaban.
Rusia de ayer y de hoy: del capitalismo… al capitalismo
Cuando desapareció la Rusia “socialista”, una parte de la Nomenclatura, la antigua clase capitalista de Estado, aprovechó su posición privilegiada para reconvertirse en una clase capitalista clásica. Claro está que, entre los miembros de la antigua clase dirigente, hubo perdedores. Algunos intentaron en las primeras semanas, en medio de la confusión, retomar el control de los acontecimientos para volver al antiguo sistema nomenclaturista, pero en vano.
Si nos podemos alegrar del fracaso del capitalismo de Estado en Rusia, varias décadas de propaganda, animadas tanto por los partidarios de ese “socialismo” (presos de un discurso concebido en una época en que ese término gozaba de un gran poder de atracción) como por sus adversarios (demasiado contentos de poder demostrar la innegable superioridad del capitalismo), llevaron a una inmensa mayoría de trabajadores a identificar el socialismo con el capitalismo de Estado, creando así una de las más grandes confusiones – y una de las más nefastas para la clase trabajadora – del siglo XX.
Para nosotros, socialistas, la desaparición del capitalismo de Estado, incluso disfrazado de “socialismo”, no afecta a la causa socialista. Porque el socialismo nunca ha sido establecido, sigue estando a la orden del día. Después de todo, ¿cómo la sociedad actual, en la que reina la ley del más fuerte, donde una minoría lleva una existencia privilegiada y despreocupada mientras que la mayoría debe enfrentarse al desempleo, a la pobreza, al estrés, a la precariedad, cuando no al hambre y a la guerra, cómo puede esa sociedad ser considerada como “el mejor de los mundos posibles”?
Partido Socialista

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