¿Qué viene después?
¿Por qué nuestra sociedad necesita una actualización del sistema? Volumen 1: La ilusión del dinero. Por Robert Everett Cox. 2026. 326 págs.
Este libro, el primero de una serie de tres volúmenes, presenta una explicación y crítica detallada del sistema capitalista. Profundiza en diversas perspectivas sobre los orígenes y el auge del capitalismo y el impacto que ese sistema ha tenido y sigue teniendo en la vida de las personas. Sus cuatro capítulos, cada uno dividido en varias partes, se titulan ‘¿Por qué trabajar?’, ‘El sistema salarial’, ‘¿La abundancia obstaculizada?’ y ‘Para la riqueza o la pobreza’.
Es difícil hacer justicia a una sola reseña la amplitud y complejidad de la investigación que realiza el autor, caracterizada también por múltiples referencias a las contribuciones de otros autores e investigadores. Sin embargo, puede ser útil señalar ciertos aspectos que este revisor encontró especialmente llamativos por la forma en que iluminan ciertos temas ampliamente debatidos cuyas implicaciones a menudo se comprenden incompletamente y rara vez se llevan a su conclusión lógica.
La primera de ellas, que abarca todo el volumen y se examina con admirable claridad, es el caso de las ‘dos clases’ defendido por los socialistas, es decir, que la sociedad está dividida entre la pequeña minoría que posee la mayor parte de los recursos y la riqueza de la sociedad (capitalistas) y la gran mayoría que no los posee (los trabajadores). Entre las objeciones que se plantean a menudo a esta visión está que, dado que no todos encajan perfectamente en ninguna de estas categorías, no refleja la realidad de las cosas. La respuesta del autor a esto es una admisión franca y sencilla de que tal imagen de la sociedad es en realidad ‘una simplificación, una generalización’, pero que ‘hacer generalizaciones es inevitable si queremos ver el bosque por los árboles en lo que respecta a la comprensión de la sociedad’. Más precisamente: ‘Un capitalista puede definirse de forma general como alguien que posee suficiente capital para vivir cómodamente de los ingresos de invertir ese capital. Esto no debe confundirse con un trabajador autónomo, por muy trabajador, emprendedor y frugal que sea ese trabajador. Este último no posee suficiente capital para calificar como capitalista y, por tanto, aún depende de trabajar para ganarse la vida, como otros miembros de la clase trabajadora’.
En segundo lugar, el muy debatido tema de la ‘financiarización’ de la economía capitalista (‘hacer dinero con dinero’), el ‘capital ficticio’ asociado a ella y cómo se relaciona con el capital invertido en la producción y distribución tradicional de bienes y servicios, se examina de una manera que arroja mucha más luz sobre el fenómeno de lo que este crítico había encontrado hasta ahora y también está vinculado de forma innovadora a las ideas de Marx sobre el dinero, el crédito y la plusvalía. En última instancia, nos dice el autor, no deberíamos sorprendernos por las múltiples formas que puede adoptar el impulso capitalista de lucro, ya que ‘como algún monstruo con cabeza de hidra de la mitología griega, crece una nueva cabeza según dicten las nuevas circunstancias’.
A continuación, hay una amplia discusión sobre lo que el autor denomina ‘el desperdicio estructural del capitalismo’. La mayoría de la gente es consciente de que muchos de los avances tecnológicos del capitalismo, en lugar de usarse productivamente para mejorar la situación humana y crear la abundancia de la que la tecnología moderna es capaz, se dirigen a actividades que hacen la vida más compleja, más insegura o más peligrosa en todo el mundo. Aquí hablamos, por ejemplo, del aumento de la burocracia, la industria de ventas y publicidad, y la preparación y el desarrollo de la guerra, que absorben el tiempo, esfuerzo y energías mentales y físicas de gran parte de la población trabajadora. Este fenómeno de ‘progreso pervertido’ es, por supuesto, ampliamente comprendido, pero en lugar de lamentar solo el desperdicio asociado, el autor no teme referirse al mundo entero del ‘comercio, las finanzas y el comercio minorista’ como ‘industrias socialmente inútiles’, y luego llevarlo más allá analizando y dando una cifra real al ‘trabajo desperdiciado’ que todo esto representa (50 por ciento). Su explicación indiscutible para esto es que ‘Bajo el capitalismo, en términos generales, las innovaciones tecnológicas tienden a no ser adoptadas ni desarrolladas si no hay perspectivas de obtener beneficios haciéndolo’.
Un último ejemplo, entre muchos, de los temas que este volumen aborda de forma novedosa y provocadora es la inutilidad de propuestas o intentos de reformar el capitalismo en interés de los trabajadores. Se detiene, en particular, en la defensa de muchos de la Renta Básica Universal (RBU). En una sección titulada ‘La panacea de la RBU’, explica de forma totalmente creíble cómo la automatización y la IA probablemente no reducirán drásticamente el número de empleos más de lo que ya han hecho los grandes desarrollos tecnológicos anteriores y, por tanto, es poco probable que provoquen lo que John Maynard Keynes previó erróneamente como ‘una nueva enfermedad … es decir, el desempleo tecnológico’. De esto, continúa argumentando el autor que las políticas de RBU no serán necesarias por parte de los gobiernos, ya que la necesidad extrema entre la masa de trabajadores debido al desempleo no se cumplirá. En cuanto a la RBU como solución que los gobiernos podrían adoptar de cualquier forma para hacer frente al desempleo estructural causado por el capitalismo o simplemente para intentar igualar el poder adquisitivo entre los trabajadores, señala la impracticabilidad y la naturaleza potencialmente disruptiva de esto en una multitud de niveles diferentes, sea cual sea el modelo propuesto. Un ejemplo hipotético dado es el de un gobierno que concibe e intenta introducir la RBU como una medida que ‘proporciona a todos la misma suma global, que reciben además de sus ingresos, ganados o no’.
Tales muestras de los temas tratados en este volumen pueden dar una idea de la amplitud con la que abarca una amplia gama de otras áreas, por ejemplo, el argumento de la ‘naturaleza humana’, el socialismo ‘falso’ de Lenin y los bolcheviques, la naturaleza y las causas de la inflación, ‘la penetración del dinero en todos los aspectos de nuestras vidas, la validez continuada del análisis marxista del capitalismo, el concepto de ‘pobreza relativa’, la enorme disparidad de propiedad de la riqueza entre trabajadores y capitalistas. También ofrece un pequeño aperitivo, aunque solo sea un poco, del ‘¿Qué viene después?’ de su título, es decir, el sistema alternativo de sociedad que el autor considera necesario para reemplazar al que aquí se investiga. Esta alternativa se resume como ‘una sociedad poscapitalista en la que el empleo (y por tanto el ‘desempleo’) dejaría de existir y en la que el dinero dejaría de ser necesario para acceder a los bienes y servicios que necesitamos’. Cómo se desarrolla y desarrolla esta caracterización en los dos volúmenes siguientes de What Comes Next (‘Más allá del precio’ y ‘Una sociedad de compartir’) se tratará en las reseñas de esas en futuras ediciones del Socialist Standard.
HKM
Socialist Party

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